lunes, 17 de julio de 2017

.UNA OBRA FARAÓNICA.

Enjaulada la tiranía de los sabios,
Versos;
El trabajo de unas extremidades moldeadas,
Ciénagas;
La figura tan poco fervorosa del que ora sin reclamo,
Piedra congelada sacramental y astuta,
Luciérnagas;
Epitafio sin guarnición.
La proeza desolada de
Aquél ritmo cardíaco que
Añoraba el despojarse de carga y equipaje que secuestraban una vida.
Pluma.
Alientos que permanecen.
Sedientos de sed.

1 comentario:

  1. Me gusta esa sagacidad humorística de la primera entrada (no me leo bien, reflejado en otros ojos, lo digo por mi propia cobaya, prácticamente prescindible comparada con la frase de cabecera). Le daría un ligero meneo a esa preciosidad con la que me has embaucado: Diálogos entre culeadores poéticos con intención de fauna literaria y textil.

    ¿Una obra faraónica? El Rey en su propia mortaja unicamente desea alcanzar la otra vida. El poema, en su sepulcro, sólo desea alcanzar la otra orilla. Prefiero no pensar en naturalezas muertas cuando podemos abrazar lo viviente.

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